Aral, crónica desde el fin del mundo

Témoris Grecko

Moynaq, Uzbekistán. Parecía un viaje al fin del mundo. Estaba en un país del centro de Asia, Uzbekistán, ya bastante lejos de cualquiera de las más raras ciudades de las que a veces se escucha o se lee en México, y desde su capital, Tashkent, todavía tuve que tomar un tren de 24 horas hasta un lugar que se llama Nukus, en medio de inmensos desiertos. Para llegar a Moynaq, además, me faltaban un taxi compartido y un viejo autobús. La gente me miraba sorprendida, ¿qué hace este extranjero aquí, a dónde va? Parecía que al fin del mundo. Pero no, en realidad me dirigía al fin de un mar. Al final, a su desaparición, a su muerte. A la peor tragedia ecológica causada por el ser humano.

El Mar de Aral fue el cuarto cuerpo continental de agua salada del mundo, con 68 mil kilómetros cuadrados. Es una extensión equivalente a la del estado de Guerrero. Hoy, se ha reducido a 17 mil km2, menor que Hidalgo. En donde había agua, olas, peces y aves, ahora sólo hay arena, sal, polvo, y decenas de extraños cadáveres de metal oxidado. Moynaq, un antiguo puerto pesquero de 40 mil habitantes, al que llegaban los turistas para bañarse en sus playas y tomar sus famosos baños medicinales, se ha convertido en un pueblo en semiabandono, una larga hilera de cascarones de lo que fueron casas, habitado por personas aquejadas por graves enfermedades, que hace mucho que dejaron de soñar con el regreso de los buenos tiempos: ahora estarían contentos si tan solo se pudieran largar.

¿Quién provocó esto? ¿Cómo fue posible que no se dieran cuenta de lo que estaban haciendo?

Por la cola del tigre

Dormí en Nukus y me levanté temprano para ir al sitio donde se congregan los taxis: primero tuve que averiguar cuál iba a Kungrad, una población intermedia, y discutir con el conductor –que sólo hablaba ruso y uzbeko– el precio. Después hubo que esperar una hora a que llegaran más pasajeros, hasta reunir cuatro. Aunque está a unos 200 kilómetros de Moynaq y es mucho más grande –un cuarto de millón de habitantes–, Nukus también es una víctima del desastre del Mar de Aral y se está despoblando. “Yo me voy a donde sea”, me dijo Yevgueni, un joven con el que conversé en un café internet. “Me gustaría ir a Estados Unidos, a Australia, pero si puedo irme a Rusia o, aunque sea, a Kazajastán, allá iré. Karakalpakstán (una república “autonóma” dentro de Uzbekistán) se está muriendo”. Y lo decía sin haber visitado nunca Moynaq.

En el camino era visible la ruina. La desaparición de un cuerpo de agua masivo afectó el clima en una extensa región de Asia Central. Los días sin una gota de lluvia aumentaron de 35 al año a 120. El aire se hizo mucho más seco. De las 173 especies animales que había, sólo sobreviven 38. En el antiguo lecho marino, ahora expuesto al sol, se forman inmensas tormentas de arena, sal y compuestos químicos tóxicos que barren toda la zona. Al margen de la carretera se pueden ver depósitos blancos y pardos de los residuos arrastrados desde largas distancias.

En Kungrad debía cambiar de vehículo. Es otro pueblo feo, de casas sucias y en deterioro avanzado, en el que la gente no encuentra cómo ganarse algún dinero. Un extranjero es una buena oportunidad. Discutí con los conductores de taxi, que aseguraban que no había otra manera de llegar a Moynaq que contratar a uno de ellos, por 100 dólares el día. Encontré un autobús que me llevó por 50 centavos.

Era una reliquia, un camión de marca indistinguible que se movía gracias a sonoras explosiones de diesel y que dejaba densas estelas de humo negro. Cuando llegó a la estación y se detuvo justo a un lado de mí, una nube de mujeres de etnia karakalpak (su idioma es parecido al turco y forman la mitad de la población de Karakalpakstán) apareció de quién sabe dónde, pasó en tropel y ocupó los asientos. Me tuve que apretar en el fondo con otros hombres para recorrer otro centenar de kilómetros hasta Moynaq.

La última parte del camino fue extraña: era como un estrecho terraplén construido sobre una seca planicie. Hace 25 años, Moynaq estaba en Ush Say (Cola de Tigre), una península conectada a tierra firme por esta larga calzada. Y lo que yo veía a izquierda y derecha –dunas y más dunas hasta el horizonte–, entonces estaba cubierto de agua.

Del mar al desierto

Bajé del autobús al lado del decrépito hotel Oybek. Caminé hacia el sur, con un grupo de adolescentes intrigados por mi visita. ¿Que si era un científico con una solución para el desastre? Pensé que los decepcionaba cuando dije que no. Pero estaba equivocado: ya han visto ir y venir a mucha gente sin que nada se resuelva. Almaguin Mat Nazarova, una mujer que conocí más tarde en el pequeño museo de Moynaq, compartió conmigo un dicho local: “Si cada científico que viene a estudiar la desecación del Mar de Aral llegara con una cubeta de agua, ya lo hubieran llenado de nuevo”.

Cien metros más adelante, encontré la desviación hacia el antiguo muelle. Está señalado por lo que parece un reloj de sol, una especie de aguja de cuatro metros de alto en la que los últimos habitantes de Moynaq han plasmado los mapas de su tragedia: de un lado, está uno de 1960 y aparece su pueblo, rodeado de azul. El otro representa el Mar de Aral en 1985, ya partido en dos lagos, uno pequeño al norte, en la república de Kazajastán, y otro más grande al sur, en Uzbekistán, y Moynaq rodeado de marrón arena. La orilla ya aparece a unos cien kilómetros. Hoy está a 160, y el lago sur se volvió a fragmentar: hay uno al oeste y otro al este.

Yo recordaba ese sitio. Cuando era adolescente, cayó en mis manos una revista en español que distribuían las embajadas de la Unión Soviética. En ella se convocaba a un concurso juvenil de reportaje sobre temas de ese país. No sé cómo me había enterado de la tragedia ecológica del Mar de Aral, de la que entonces no se sabía casi nada, pero pensé que les iba a gustar que un chico mexicano tratara el tema, que según yo, debía tenerlos muy preocupados resolviéndolo. Nunca recibí respuesta.

Cuando buscaba documentación sobre el asunto (tarea difícil cuando no existía internet y Uzbekistán era todavía una de las quince repúblicas soviéticas, más desconocida que ahora), encontré una foto de un sonriente grupo de marineros en ese lugar. Varios de ellos mostraban la captura de pescado. Ahora, sólo vi un extraño cementerio. Siete cadáveres de barcos se oxidan casi en fila. Unos 500 metros a la derecha, hay otros dos. En la distancia, a un kilómetro y medio, más o menos, se asoleaba uno más.

Bajé por las escaleras que antaño conducían al agua. La aguja-monumento-mausoleo está sobre unos acantilados en los que todavía se aprecian las huellas del golpe de las olas, pero todo está reseco. Los botes descansan sobre dunas de arena, que convierten la caminata alrededor de ellos en un pesado sube y baja. Uno había perdido la cubierta metálica de la popa y parecía como una dama de la corte francesa del Rey Sol, a la que le habían levantado la falda para dejar al descubierto el armazón de su vestido. También podía compararse con el costillar de un buey argentino tras el paso de cinco gauchos hambrientos.

Subí a algunos barcos, levanté escotillas, abrí puertas, me planté en un puente de mando. Quise imaginar días mejores, las manos del capitán sobre el timón, los karakalpaks recogiendo las redes, los pescados sacudiéndose sobre la borda. Seguramente reían. Pero tal vez ya no mucho. Acaso ya se daban cuenta del triste futuro que se les venía encima. Seguramente constataban que el Aral era menos profundo, que las orillas retrocedían. ¿Habrán pensado en oponerse? ¿En actuar para proteger su medio de subsistencia, el ambiente de sus hijos, el hábitat de su pueblo?

La crisis llegó poco a poco, con una lentitud de décadas. Cuando el Aral se empezó a retirar y la península Ush Say se convirtió en parte de tierra firme, y para conectar su puerto con el mar, los habitantes de Moynaq abrieron canales que con los años tuvieron que alargarse decenas de kilómetros. Hasta que lo que quedaba del Aral se hizo tan poco profundo y tan salino que todas las especies de peces endémicas se extinguieron.

¿Cómo habrá sido el último día? Esos siete barcos están alineados por alguna causa, no me esperaban a mí en formación. En cierto momento, los rudos hombres debieron haber comprendido que no se podía más. Trajeron sus botes con la última marea. Al descender de ellos, el charco ya se había alejado. Bajaron por las escalerillas, con salvavidas al hombro, y plantaron sus botas impermeables sobre montones de arena reseca. Caminaron hacia el muelle. Y se despidieron para siempre del Mar de Aral y de sus vidas de pescadores. De un día para otro, los marineros se convirtieron en hombres del desierto.

Charco de pesticidas

Millones de toneladas de pesticidas, desfoliantes y otros químicos fluyeron hacia el Mar de Aral cuando tenía agua. Hoy, los restos secos de esos productos se mezclan con la arena y la sal en el lecho descubierto. El viento y las grandes tormentas de polvo los dispersan a lo largo de cientos de kilómetros. Los habitantes de Karakalpakstán se esconden cuando las ven venir: Almaguin Mat Nazarova dice que el día se oscurece, el cielo se torna gris y las partículas vuelan por doquier. Quienes quedaron expuestos a ellas pasan horas con una sensación de picor en los ojos y algo como paja en la garganta. Hay científicos que consideran que ésta es la zona más polvorienta del mundo. Pero lo que más preocupa no es la cantidad de polvo, sino su toxicidad.

Cada año, el viento dispersa 150,000 toneladas de partículas que contienen organofosfatos y organocloridos, pesticidas que han caído en desuso por sus efectos en la salud. Ésta es la causa de una explosión de enfermedades: tuberculosis de alcances epidémicos, problemas de riñón, anemias (que afectan a 80% de las mujeres embarazadas), problemas intestinales y gran mortalidad infantil: la mitad de los niños que mueren en la región lo hacen por enfermedades respiratorias, como asma, bronquitis crónica y neumonía. Gracias a que el agua para beber está contaminada, el cáncer y los daños al pulmón son 30 veces más elevados de lo que eran antes de la tragedia. Por eso, quien no se ha ido sueña con hacerlo.

Lo peor es que no se trata de las consecuencias inesperadas de la acción humana. Documentación de los años 50 indica que los planeadores soviéticos que decidieron transformar las repúblicas de Asia Central en una inmensa reserva productora de algodón para la URSS sabían que el Mar de Aral desaparecería. Y no se preocuparon por las consecuencias ambientales. En 1964, Aleksandr Asarin, del Instituto Hidroproyecto, señaló que el Mar estaba condenado: “Es parte de los planes quinquenales, aprobados por el Consejo de Ministros y el Politburó. Nadie en los niveles inferiores se atrevería a decir una palabra para contradecir esos planes, ni siquiera si se trataba del destino del Mar de Aral”.

En 1959, los burócratas de Moscú concibieron un plan brutalmente ambicioso para irrigar extensos pedazos de desierto y transformarlos en plantaciones. El agua del Mar de Aral provenía los ríos Amu Darya y Syr Darya, que jugaron un papel destacado en la historia asiática desde que Alejandro Magno conquistó la región hace 2400 años. Los soviéticos desviaron el líquido a través de extensas redes de canales. Como no estaban entubados, sino al aire libre, y no los hicieron a prueba de filtraciones, una parte considerable del agua se pierde por evaporación solar y fugas. Además, convirtieron los ríos en un vertedero de desechos químicos, que fue lo que llegó al Mar de Aral. En dos décadas, los peces y muchas especies murieron por envenenamiento, y las aguas se retiraron. Hoy, la costa está a ciento sesenta kilómetros de Moynaq.

Y no hay solución a la vista. En la parte norte de lo que queda del Mar de Aral, en Kazajastán, el gobierno ha construido diques para estabilizar un pequeño lago, con lo cual consiguió que se elevara el nivel del agua y reaparecieran algunas especies marinas. La parte sur, la que ya se dividió en mitad oeste y mitad este, se sigue empequeñeciendo, y esta última desaparecerá en pocos años. El gobierno de Uzbekistán reconoce la tragedia pero, a fin de cuentas, le importa más seguir produciendo algodón y no va a tomar medida alguna para que aumente el caudal del Amu Darya que va a dar al lago.

Aunque a donde yo fui era la muerte de un mar, cuando me marché de ahí, ya me pesaba en la mirada y en el espíritu como si atestiguara el fin del mundo. Me pregunté cuál es la diferencia entre lo que han hecho con el Mar de Aral y lo que estamos haciendo con nuestra Tierra. Quizá sea sólo cuestión de tiempo. Aquí aprendí que las agonías pueden ser muy lentas.

Artículo publicado en Quo México y cedido por el autor.

Fotos: Dieter Telemans, ARP

Viaje al corazón del alto Sinú

Alfredo Molano

La historia expansiva y depredadora de la gran ganadería que ha imperado en el departamento de Córdoba (Colombia) desde mediados del siglo XIX explica buena parte de la violencia que vive la región desde el asesinato de Jorge E. Gaitán. Pero es, además, el principio en que se funda la decisión del gobierno de Uribe de construir el embalse Urrá II, “Proyecto río Sinú”. Las hidroeléctricas de Córdoba no son un asunto de energía y ni siquiera de aguas. Son un problema de tierras.

El río Sinú nace en el Paramillo, páramo excepcional que recoge las aguas de los ríos Tigre, Manso y Esmeralda; lo estrecha la loma donde se construyó Urrá I y luego se riega por las sabanas, alimenta las ciénagas y desemboca en Tinajones. Su hermano gemelo, el San Jorge, hace el mismo oficio, pero bota sus aguas al Cauca, en la depresión de Mompox. Todas son tierras riquísimas para los ganaderos por la fertilidad del suelo, y riquísimas también para los campesinos que cultivan maíz, yuca, malanga y que son, a su vez, pescadores.

En el fondo, estas modalidades de aprovechamiento de la riqueza criada por los ríos son la causa de un conflicto social que desde fines del siglo XIX no cesa. Los ganaderos buscan, por cualquier medio, desecar las ciénagas para ampliar sus haciendas, y los campesinos –trabajadores anfibios, herederos de los zenúes– resisten porque de ellas proviene su comida. Desde los años 50 del siglo pasado, políticos, empresarios y hacendados sueñan con planes que regulen las aguas. El presidente Uribe, entre otros grandes propietarios, tiene una de sus haciendas en Ciénaga de Oro.

Los distritos de riego construidos en los años 60 y los proyectos Urrá I y Urrá II obedecen a ese propósito y han desencadenado enfrentamientos sociales que desembocan en la guerra entre paramilitares y guerrillas. No obstante, los ríos seguían reclamando sus cauces y las ciénagas sus orillas, sobre todo en las zonas bajas del Sinú y del San Jorge. Fue uno de los argumentos para construir Urrá I y proyectar Urrá II. El otro fue la producción de energía eléctrica en momentos en que el país entero vivía el apagón en 1990. Miles de millones de dólares se pagaron en estudios y diseños y, por fin, en 2000, entró en servicio Urrá I –con 340 MW de potencia el 2% de la energía eléctrica del país–  y un embalse que inundó 7.400 hectáreas y costó 800 millones de dólares financiados por la banca mundial.

Para ese momento el excedente  en el sistema eléctrico interconectado nacional era del 35%. Según Corelca (Corporación Eléctrica del Atlántico Norte), el aporte de Urrá I habría podido ser asumido sin los costos sociales por las hidroeléctricas de La Miel, el Guavio o Chivor. La obra generó varios conflictos y acentuó otros. El más conocido fue la movilización del pueblo embera katío contra el proyecto. Los cabildos consideraron que la obra en su conjunto invadía su territorio, afectaba su economía, aceleraba la colonización campesina, amenazaba su cultura y ponía en peligro su seguridad alimentaria al extinguirse el pescado de los ríos. En varias oportunidades paralizaron los trabajos de construcción, se tomaron oficinas de la empresa y organizaron una marcha a Bogotá. El asesinato de Kimy Pernía y otros líderes indígenas de este pueblo simboliza esa lucha.

La obra había sido construida sin consulta previa con las comunidades indígenas, como la ley obliga. Interpuesta una tutela, la Corte Constitucional (sentencia T 652/98) falló a favor de los nativos y ordenó la suspensión inmediata de los trabajos – tres días antes de ser inaugurada por el presidente Samper–  y el pago de una indemnización “al menos en cuantía que garantice la supervivencia física del pueblo embera katío, mientras elabora los cambios culturales, sociales y económicos a los que ya no puede escapar y por los que los dueños del proyecto y el Estado, en abierta violación de la Constitución y la ley vigentes, le negaron la oportunidad de optar”. Como evidencia del daño, se registró el desplazamiento de 6.000 pobladores de cuatro asentamientos indígenas y 17 más dispersos para llenar el embalse.

Los indígenas no fueron los únicos afectados. En el vaso del embalse había 500 familias campesinas censadas, que fueron desplazadas. La construcción de vías de la obra, la demanda de obreros y la pobreza campesina aceleraron la colonización de la región y, con ella, el cultivo de coca y amapola, los desacuerdos entre colonos e indígenas y el enardecimiento de la guerra entre las guerrillas y los recién creados grupos paramilitares en el alto Sinú.

Aguas abajo de la hidroeléctrica, las consecuencias no han sido menos dañinas. Al interrumpir la subienda, necesaria para el desove, la mayoría de las especies ha mermado su tamaño y algunas han desaparecido o están siendo amenazadas de extinción. Los pescadores han protestado con frecuencia y con vehemencia, no sólo porque su nivel de ingresos ha disminuido, sino porque la alimentación de la región se ha visto comprometida. El cambio de niveles del río acelera la erosión de sus orillas y aumenta la sedimentación del cauce. La ciénaga de Lorica se colmata a pasos gigantescos; los desbordamientos son cada vez más peligrosos y frecuentes.

Déficit acumulado

Poniendo entre paréntesis los efectos anotados, cabría preguntar si Urrá I ha cumplido los propósitos que le fueron asignados por el Gobierno y por los gremios regionales. El balance es negativo. Urrá I se ha dedicado a la generación de energía en desmedro de la regulación de las aguas del río Sinú. Desde el punto de vista ambiental, el embalse no ha logrado impedir las inundaciones aguas abajo de la presa. La más grande fue a mediados del año pasado, cuando subió dos metros arriba de la altura máxima de desbordamiento e inundó las llanuras de Cereté y Pelaya y aun el centro de Montería. “El río se emborracha –dicen los indígenas– y sale a buscar cambambas por pueblos, barrancas y potreros”. No obstante, según el Gobierno “en 110 ocasiones (la obra) ha logrado soportar grandes crecientes que hubiesen repetido históricas inundaciones”.

Urrá I tampoco ha servido como fuente de ingresos para la Nación. En palabras del ingeniero Rafael Melo, que dirigió el Plan Energético de Corelca (Corporación Eléctrica de la Costa Atlántica) en Barranquilla: “Urrá I nunca ha dado utilidades y nunca se debió construir porque nunca se necesitó”. Así lo confirma el informe Conpes del 19 de mayo de 2008: Urrá I ha generado sólo pérdidas en los estados financieros reportados, tanto que el Gobierno se vio en la necesidad de tercerizar el complejo, es decir, entregarle la empresa a un tercero para que la administrara. Según una destacada abogada de Córdoba, Urrá I no es rentable: “Es una carga para el Estado; en ocho años de operación no sólo no ha dado utilidades, sino que el déficit acumulado a 2007 es de $824.000 millones”.

A raíz del incumplimiento sistemático de los arreglos que indígenas y Gobierno habían firmado desde 1994, que contemplaban el pago de indemnizaciones millonarias y la construcción de obras de infraestructura complementarias, los cabildos se movilizaron a Montería y a Bogotá en 2005. El resultado fue un nuevo acuerdo en el que el Gobierno, al no encontrar “necesario, conveniente ni factible el proyecto de Urrá II, se abstendrá de promover, autorizar y construir dicho proyecto”.

Dos años después, en julio del 2007, el río Sinú se desbordó y el Gobierno estuvo a punto de declarar la emergencia económica. La empresa aprobó como paliativo parcial elevar en dos metros la cresta de Urrá I. La obra fue contratada con un costo de 4,2 millones de dólares, para aumentar la capacidad de almacenamiento de agua de 1.740 millones a 1.884 millones de metros cúbicos. Hasta el momento no se conocen estudios de impacto ambiental sobre la ampliación del embalse. Sin embargo la obra fue realizada.

El Sinú se sedimenta con los taludes que caen de la represa y se empeora la calidad del agua (foto Conchita Guerra, ARP)

En septiembre de ese mismo año 2007, el Presidente Uribe anunció en Maicao que el Gobierno construiría Urrá II. El Ministro de Minas pasó al bate. En Montería volvió a las andadas y anunció la constitución del Proyecto río Sinú, cuyo fin sería “el control definitivo de las inundaciones en las partes baja y media de la cuenca”. Al mismo tiempo solicitó al Ministerio de Ambiente renunciar a emprender estudios de alternativa. Hablando duro, sentenció: “Y no me vengan con pamplinas ambientales”. Urrá II sería un embalse cinco veces más grande que Urrá I: inundaría 53.000 hectáreas, costaría 2.000 millones de dólares y generaría 420 MW. La hidroeléctrica entraría a funcionar en 2017, cuando ya se hayan entregado otras represas como Fonce III, Pescadero, La Miel II, Besotes, Chimbo, que en conjunto significarán un excedente del 25% de energía, y elevaría esta cifra al 27%.

Planes sin secreto

En círculos de expertos se opina que la nueva central tiene dos fundamentos reales. De un lado, beneficiar a los grandes propietarios de tierra de la cuenca entre Tierralta y Tasajeros. No son muchos por ser muy grandes. La Corporación Autónoma Regional de los Valles del Sinú y San Jorge guarda en secreto un listado completo de grandes beneficiarios, muchos conocidos parlamentarios y no pocos testaferros de los paramilitares. La regularización del nivel de las aguas del río, quebradas, ciénagas y humedales, les daría la posibilidad de ampliar sus haciendas sobre las zonas recuperadas a las aguas y sembrar cultivos de alto rendimiento como la palma aceitera, la acacia magium y la caña de azúcar.

Son los planes y no son secretos. Una aspiración que responde a la tradición de ampliar sus predios sobre tierras desecadas y de expulsar los campesinos que aún hoy viven de la pesca y la pequeña agricultura. La expansión terrateniente beneficiada por la acción criminal de los “paras” se fortalecerá con la nueva hidroeléctrica. Se dice que el paramilitar Salvatore Mancuso posee grandes propiedades en la zona. Conocedores de la región vinculan el desplazamiento al proyecto río Sinú. De ser así, los grandes propietarios, armados de sus influencias políticas, harían invertir al resto de colombianos en un proyecto cuyos principales beneficiarios serían ellos mismos.

Ahora bien, desde el punto de vista del negocio eléctrico, no se descarta que Urrá I sea vendida a empresas privadas para invertir en la financiación de la transversal de la Costa que romperá el Tapón del Darién y comunicará Montería y Medellín con Panamá. Sería una opción complementaria a la venta de electricidad producida por Urrá II al sistema eléctrico de Puebla-Panamá, que se adelanta en América Central y que Uribe quiere extender hasta Putumayo.

La inundación de 53.000 hectáreas en el alto Sinú tiene tres grandes consecuencias: primero, inundaría una parte importante del resguardo indígena del alto Sinú, ya golpeado por Urrá I. Los indígenas han dicho que no quieren y no permitirán más hidroeléctricas allí. Es previsible que las movilizaciones de los embera katío vuelvan a ponerse en marcha. En segundo lugar, el nuevo embalse también inundaría gran parte del actual Parque Nacional de Paramillo, considerado una de las pocas protecciones que hay de un sistema ecológico excepcional por su situación entre los Andes y los dos océanos: desaparecería casi en su totalidad el bioma de selva húmeda del bosque ribereño y de las llanuras aluviales de los ríos Sinú, Esmeralda, Manso y Tigre, y la Ciénaga del Barrial, reconocida por su gran valor faunístico y florístico y declarada una de las áreas intangibles del Parque Nacional.

En tercer lugar, y es un efecto muy grave: dado que al inundar gran parte de los ríos de la cuenca alta del Sinú, el embalse requerirá aguas adicionales, sería necesario el trasvase del río San Jorge hacia el embalse, como había previsto el proyecto anterior. Los efectos ambientales son notables y han sido denunciados: la mezcla de aguas de diferentes cuencas que suponen composiciones y calidades diferentes afectaría la vida en la hoya del Sinú. Y los efectos sobre el San Jorge no serían menores: al mermar sus aguas, afectaría la pesca y la alimentación de la población ribereña. Peor, aceleraría la desecación de todos los espejos de agua —vasos comunicantes— de la depresión momposina, función que aplauden los terratenientes. Las ciénagas de Ayapel, La Florida, La Cruz, Machado y Punta Blanca se sumarían a la desaparición paulatina de las ciénagas del Sinú: Betancí, Martinica, Grande de Momil.

El recurso de la pesca para los emberá-katío ha sido esquilmado y esto genera desnutrición en los menores (Foto Conchita Guerra, ARP)

No es fácil entender para los colombianos que no tenemos intereses electorales en la Costa, ni haciendas en las cuencas del Sinú y San Jorge, ni empresas constructoras de represas, las razones que han llevado al Gobierno a desconocer los acuerdos firmados con las comunidades indígenas. Un Estado responsable no puede echar por la borda su palabra. Tampoco es justificable que se desconozca la legislación vigente sobre parques nacionales y resguardos indígenas y se proponga, a cambio de las tierras, inundar ilegalmente un globo de 50.000 hectáreas en otra región, como forma de compensación.

Los grandes beneficiados por las obras de Urrá II son una minoría en comparación con el daño sufrido por la mayoría de ribereños que verán disminuidos sus recursos alimenticios, y expropiadas sus tierras a cambio de unas vagas promesas de empleo en el proyecto o en las empresas beneficiadas. Se sacrificaría uno de los pocos refugios de fauna y flora de la región a favor de intereses particulares. El conjunto de efectos llevaría a exacerbar los enfrentamientos étnicos, sociales y políticos que generó Urrá I y que su funcionamiento no pudo resolver. Quizás haya interés en sectores guerreristas de mantener atizado el fuego. O quizá sea un mero regalo de Uribe a los propietarios que han sido fieles a su causa política, que no son muy distintos a quienes son hoy acusados de parapolítica o de colaboración con el paramilitarismo.

En noviembre de 2008, basados en un concepto que emite la Unidad de Parques Nacionales, que destaca los valores ecológicos y ambientales del Parque Nacional Natural de Paramillo, el Ministerio de Ambiente no tuvo otro remedio que declarar que no se podrá realizar el Diagnóstico Ambiental de Alternativas para el Proyecto río Sinú o Urrá II. Sin este diagnóstico no se puede dar continuidad al trámite de construcción del embalse. Sin embargo, según el periódico El Universal en noticia publicada el 12 de junio de 2009, el presidente de la Empresa Urrá se refirió al concepto jurídico del Ministerio de Ambiente: “Somos respetuosos de la ley, pero haremos uso de otra instancia y esperaremos. Todavía no se ha dicho la última palabra”.

Extracto autorizado del artículo publicado en el periódico El Espectador

el 15 de enero de 2009, con actualización de información.

China: un trasvase en superlativo

El agua destaca como el más importante de los recursos naturales escasos y mal distribuidos

Zigor Aldama

Shanghai. Los recursos naturales se han convertido en un bien escaso y mal distribuido. Entre todos ellos, el agua destaca como el de mayor importancia. No es nada nuevo. La Humanidad ha tendido siempre a concentrarse en los márgenes de los ríos, pero la superpoblación y el cambio climático están cambiando las reglas del juego.

Hace tiempo que China trata de manipular el clima. Lo hizo durante los Juegos Olímpicos de Pekín, primero para limpiar la atmósfera con lluvia y después para evitar su precipitación, y lo sigue haciendo siempre que se presenta una ocasión relevante. También tiene entre manos algunos de los mayores proyectos hidrológicos, entre los que se encuentra el de la presa de las Tres Gargantas. El objetivo es utilizar a su antojo las fuerzas de la naturaleza.

Ahora, Pekín ha ido un paso más allá con la aprobación del mayor trasvase del mundo. A su lado, el Plan Hidrológico Nacional es un juego de niños, una nadería. Una vez más, China se viste el superlativo para dar solución a sus graves problemas estructurales. En esta ocasión dará respuesta a la crónica falta de agua de las principales ciudades del norte del país, incluida la capital, Pekín. El Gobierno ha dado luz verde al desvío de parte del caudal de la principal vía fluvial, el río Yangtsé, para enviar 44.800 metros cúbicos de agua al año a una población que se estima en unos 400 millones. Lógicamente, el presupuesto de esta obra faraónica es también de récord, de cerca de 47.000 millones de euros.

Las dos primeras fases, que suponen la construcción de casi 5.000 kilómetros de canales, ya han comenzado, y estarán listas para 2015. Entonces, Pekín, Tianjin y Shijiazhuang, entre otras, recibirán 16.000 metros cúbicos de agua, suficiente para sostener el crecimiento económico, agrícola y demográfico que viven las grandes urbes chinas.

Pero el problema es más grave en China: sus desiertos avanzan, y las reservas de agua potable decrecen. Tanto que el Gobierno ha lanzado un mensaje de alarma; reconoce que el sistema actual no es sostenible, y que el 7% de la capacidad hídrica del mundo será insuficiente para abastecer al 22% de su población (la suya) si se continúa contaminando las aguas como hasta ahora y si la industria no se moderniza para utilizar menos líquido en su producción.

China cuenta actualmente con 2,8 billones de metros cúbicos de agua, de los que sólo 840.000 millones pueden ser utilizados. La demanda actual es de unos 560.000 millones anuales. Si crece al ritmo actual, en una década China no tendrá qué beber. “Además, la mayor parte de las instalaciones purificadoras son viejas y no están preparadas para hacer frente a la polución actual, con lo que se corre el riesgo de un aumento de enfermedades”, admitió el viceministro de Sanidad, Chen Xiaohong.

Una mujer recoge leña en Badong, entre las ruinas de los edificios tras desalojar la comunidad (foto Pierre Montavon, ARP)

Una mirada a las aguas del Yangtsé no deja lugar a dudas. Discurren marrones, y viajan acompañadas de una multitud de objetos flotantes procedentes de hogares e industrias. No ayuda en absoluto el denso tráfico de todo tipo de embarcaciones, generalmente viejas barcazas roñosas que transportan materias primas del interior pobre al boom de la costa este. Hay que ir hasta el Tíbet para encontrar agua limpia, y el techo del mundo cada vez recibe menos precipitación. Sus glaciares están derritiéndose y eso podría poner en peligro la propia cuenca de los ríos. Por si fuera poco, la población china se está aficionando a una nueva marca de agua mineral, Lluvia del Tíbet, que se comercializa en los supermercados al lado de la francesa Evian, y que se ha convertido en la principal exportación del Tíbet gracias a los eslóganes que alaban sus propiedades purificadoras.

Los cerebros del trasvase, que han desoído los gritos de las organizaciones ecologistas que han tachado el proyecto de “barbaridad” y de las 400.000 personas que tendrán que ser desplazadas, aseguran que el precio del agua que llegue por este nuevo camino será económico, de en torno a 17 céntimos de euro por metro cúbico (1.000 litros), más o menos lo que se paga actualmente en Pekín. “No llevar a cabo el trasvase podría duplicar el costo para el ciudadano y para las empresas”, aseguró el portavoz del Ministerio de Industria.

La obra enlazará los caudales del Yangtsé, el río Amarillo y el río Huaihe, a través de otras tantas redes de canales que correrán de norte a sur, y que estarán finalizadas en la década de 2050. Entonces, el agua trasvasada será similar al total que fluye por el río Amarillo, el segundo en importancia del país. A lo largo de los canales se irán construyendo represas de diversos tamaños, que son la principal fuente de crítica por parte de ecologistas y desplazados. A pesar de ello, el Gobierno asegura que no sólo se trata de repartir el agua de forma ecuánime, sino de evitar que esté contaminada y, por lo tanto, de mejorar la calidad de vida de los 600 millones de personas que no tienen acceso a agua limpia en China. ¿Hasta qué punto justifica el fin los medios?

Tras desalojar Fengjie, demolieron las escaleras que conducían al puerto (Foto Luo Wen Da, ARP)

Article cedit per Global Talent (http://www.ca.globaltalentnews.com).
Vegeu l’original: http://www.es.globaltalentnews.com/mundo/corresponsalias/1175/Trasvase-en-superlativo.html

Danielle Miterrand: “Los servicios que la gestionan deben garantizar un acceso gratuito al agua necesaria cada día”

Xavier Martínez-Galiana

Danielle Miterrand camina despacio mientras se dirige a sala del Museu Marítim de Barcelona. Va cogida del brazo de un hombre más joven, quien, a su vez, ejerce como traductor. Viste una chaqueta roja, bien visible, y esconde sus 85 años bajo una cabellera de color castaño. Mira la sala, ve que aún hay muchos asientos libres y se sienta en primera fila, al lado de Pedro Arrojo, el director de la asociación Agua, ríos y pueblos y quien la ha invitado a dar una conferencia en uno de los actos estrella de la Agenda Ciudadana de la exposición con el mismo nombre. Ella no podía faltar. Sorprende verla ahí, repasando algunos datos de entre sus apuntes, antes de comenzar la conferencia titulada El reto ético para una nueva gestión del agua: el derecho humano y la gestión pública.

No es la imagen  habitual de una exprimera dama de Francia. Por ningún lado aparecen el divismo ni el séquito. Se ve a una mujer frágil en apariencia, pero con una fuerza interior que destila una sabiduría capaz de expresarse así: “Hay que apoyar la emergencia de nuevas experiencias coherentes, bajo la inspiración de la vida frente al materialismo del negocio”. Dice esto al referirse a la decadencia del sistema capitalista, al que reconoce algunos éxitos, pero cree que ya no es momento de protegerlo. Se trata ahora de apostar por “enfoques de nuevos modelos que nos acerquen más a la felicidad”, resume.

La felicidad que propone Danielle Miterrand no es la espiritual, la de la realización y armonía del ser. Al menos esa no es la prioritaria. Habla de una felicidad que proviene de satisfacer las necesidades básicas y cotidianas de la persona. Una base sólida para su desarrollo completo.

Desde 1986, Danielle Miterrand preside la fundación France Libertés para la defensa de los derechos humanos de las comunidades indígenas, la democracia participativa, la economía responsable y el acceso de los pueblos a sus propios recursos naturales. Sobre todo el agua. “¿Por qué?”, “¿qué ha pasado?”, “¿qué hemos hecho?” son las preguntas que Miterrand lanza a modo de reflexión para iniciar su conferencia.

Se refiere, por ejemplo, a cómo el 90% de los ríos del planeta no son potables o cómo se ha incrementado el número de peces hembra por trastornos genéticos causados por la contaminación. “El agua –afirma– es un bien común no sólo de la comunidad humana, sino también de todos los seres vivos”. La clave esencial para encontrar soluciones reside, según Miterrand, en cuestionar el sistema mercantil en que estamos inmersos. “El sentido mercantil induce a la muerte, a situaciones de asesinato, o no supervivencia, de quienes no pueden pagar”.

Danielle Miterrand, fuerza con sabiduría (foto eitb.com)

Intereses en el Foro Mundial

La privatización de los servicios de gestión del agua en muchos lugares del mundo, también en las ciudades europeas, ha conducido a fundaciones como France Libertés a defender con uñas y dientes esta máxima: “El agua debe ser accesible para todos”. Pero ha de entenderse el acceso al agua como un derecho humano, no como un bien económico susceptible de beneficio. Este es uno de los tres principios esenciales que enumera en su conferencia. El segundo: “El agua no puede ser una mercancía. No puede tener precio como tampoco tiene precio la vida”, apunta Danielle Miterrand. El tercer principio: “Los servicios que gestionan el agua deben garantizar un acceso gratuito al agua necesaria cada día”. Y aquí apostilla: “Para ello es necesaria una buena gobernanza política” y, por otro lado,  “ha de devolverse el agua limpia al medio del que la hemos tomado”.

Cuando uno de los asistentes a la sesión le plantea el peligro creciente de las guerras por el agua en el futuro, la activista francesa le responde de forma contundente que ya son una realidad. “Miren los mapas del mundo y puede que donde haya bases militares exista un vínculo con los recursos naturales”. Lo ilustra con diferentes casos: China y su interés por mantenerse en el Tíbet, donde nacen algunos de los ríos asiáticos más caudalosos; Iraq y el conflicto subyacente por el control del Tigris y el Éufrates como causa a su vez de la segunda guerra del Golfo, y también el dominio del agua en el tablero palestino-israelí. “La vocación del agua es vincularnos a unos y a otros, a pueblos enteros. Los ríos no tienen fronteras”, relata.

En 2012 se celebrará en Marsella otro foro mundial del agua, organizado por empresas multinacionales con intereses en el sector. Al contraforo intentarán asistir desde France Libertés para presionar a los gobiernos a desprivatizar el agua. “Critico a las instituciones públicas que no asuman sus funciones en temas de agua y deleguen en empresas privadas”, expone.

Miterrand expresa su deseo de que algún día se constituya una auténtica autoridad global del agua, auspiciada por Naciones Unidas y capaz de resolver los problemas de agua en el mundo. De momento, ella es una “autoridad moral”, como la ha bautizado Pedro Arrojo. “Aspiro a que seamos capaces de restablecer los equilibrios de la Tierra”, concluye.

Entrevista. Marco Arana, candidato a la presidencia de Perú: “Un presidente no tiene poder para enfrentarse a una multinacional”

Clara Garcia

Marco Arana nació en Cajamarca, ciudad de Perú en la que la explotación minera a cielo abierto ha destruido el paisaje y ha acabado con las fuentes naturales de agua. Desde hace un año forma parte del Movimiento Tierra y Libertad, con el que se presentará como candidato a la presidencia de Perú en las elecciones del próximo año.

Arana, que es sacerdote diocesano, también es fundador de la ONG ambientalista Grufides (Grupo de Formación e Intervención para el Desarrollo Sostenible), que lucha por los derechos de las comunidades. El trabajo que ha adelantado hasta ahora lo ha hecho merecedor del Premio Nacional de Derechos Humanos y del Premio de la Paz de Aquisgrán, que otorga la ciudad alemana de este nombre.

¿Qué le movió a fundar un partido político?

La necesidad de introducir cambios en la política económica que tuvieran dos pilares: la reducción de la pobreza y la sostenibilidad económica, que se practica descuidando la naturaleza.

¿Cuál es el poder real de un presidente para enfrentarse a una multinacional?

No se trata del poder de un presidente sino de que haya una institucionalización y sea la sociedad la que promueva el cambio. El movimiento político y el social han de ir juntos. No solo se trata de democratizar el país, también al gobierno.

Si llega a la presidencia, ¿iniciará un debate con otros estados para cambiar la situación de las multinacionales en Latinoamérica?

Promoveremos las negociaciones multinacionales en los estados. De hecho, asociaciones como Unasur [Unión de Naciones Suramericanas] o Mercosur ya lo están haciendo. Además, iniciaremos procesos de integración, no solo de carácter mercantil, también financiero. Perú es un lugar estratégico en las rutas de comercio por su situación geográfica, así que intentaremos establecer nuevos flujos.

¿Es posible cambiar la dinámica de las multinacionales en Latinoamérica?

Los anteriores procesos muestran que sí.

¿Cómo?

Renegociando los contratos e incluso anulándolos si causan daños a la economía. Hay que someter la economía a fines éticos, ecológicos y sociales.

Yanacocha, la compañía minera más grande de Suramérica y la empresa que explota la mina a cielo abierto de Cajamarca, aún tiene ventajas económicas por las leyes de Fujimori. ¿Qué más queda en Perú del Gobierno de Fujimori?

Aún no hay transparencia en los contratos, las cuestiones ambientales están sectorializadas y todo está segmentado. Queda  también la pérdida de soberanía de los recursos naturales: cada gobierno se hace dueño de la naturaleza. Y, sobre todo, quedan las prácticas administrativas, que continúan sometidas a mecanismos de corrupción.

¿Siguen siendo los militares un núcleo de poder en Perú?

Pese a que los militares quedaron en descrédito por el apoyo que le dieron a Fujimori, continúan teniendo importancia. Algunos antiguos militares, ahora jubilados, han creado empresas de seguridad. Desde estos sectores se ejerce presión para apoyar la minería con la que se costea el gasto militar.

¿Qué han hecho los gobiernos anteriores para cambiar la situación de Cajamarca?

Las autoridades locales y regionales han contribuido en la minería y han suscrito convenios para su conveniencia. Hay una crisis de gobernabilidad porque hay muchos gobiernos que eran totalmente antimineros y cuando llegan al poder, se vuelven a favor de la minería para beneficiarse de la economía.

¿Cómo actuaría usted al respecto si llegara a la presidencia?

La primera medida de mi gobierno sería hacer un shock anticorrupción. Desde Tierra y Libertad proponemos cinco medidas principales para terminar con la corrupción: la imprescriptibilidad de los delitos, las anulaciones de los beneficios penitenciarios, la sobrepenalización de los delitos de corrupción (actualmente la pena máxima es de ocho años), que se impida de por vida la postulación a cargos públicos de los que tienen anteriores delitos de corrupción y que la excarcelación esté sujeta a que se devuelva el dinero que se robó.

Siga.

Perú necesita también un cambio en la administración de justicia, que también es corrupta.

El padre Arana (foto blog Desde la Amozonía Loretana)

¿Hay tanta corrupción como en tiempos de Fujimori?

Desde hace veinte años la corrupción se ha llegado a convertir en una subcultura, es algo que la sociedad ve como normal.

¿Qué proponen al respecto?

Plantearíamos también una institucionalización en materia ambiental. En este sentido sería imprescindible crear un plan de ordenamiento territorial y otro de gestión de aguas. También modificaríamos la política económica para diversificar la economía, impulsando el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas.

En el contexto de la actual situación de crisis del mundo occidental ¿hasta qué punto cree que los estados deberían implicarse con los países más necesitados?

El problema es que el instrumento principal ha sido la ayuda al desarrollo, que ha generado una gran dependencia de los países pobres. Yo creo que se podrían establecer otras opciones.

¿Cuáles?

En materia ambiental promover una internalización de los cambios y fortalecer los mecanismos de regulación de los estados. No se trata de promover una política de ruptura y aislamiento, sino de cambiar algunas cuestiones. Otro de los ámbitos primordiales que debería hacerse en política internacional es el intercambio académico y científico.

¿Qué pueden los ciudadanos para evitar desastres naturales como el de Cajamarca?

Primero tenemos que acrecentar la ciudadanía global, la conciencia de derechos. Hay que globalizar las cuestiones ambientales. Se necesita un cambio de información más activo. Se deben fortalecer los espacios de iniciativas políticas. Lo ecológico es lo sociológico, así que hay que hacer las dos cosas de manera conjunta. Antes, decir que Yanacocha contaminaba el agua estaba prohibido, hablar ahora del tema no habría sido posible sin una mayor concienciación.

¿Qué pasará con Cajamarca cuando Yanacocha cese su actividad?

Cajamarca puede pasar a ser una ciudad fantasma. Para evitarlo se deben introducir ya políticas de control de la expansión, laborales, de control de fuentes de agua.

Ecozine premia a la asociación Agua, Ríos y Pueblos por su lucha medioambiental

Papel de Aguas

El Festival Internacional de Cine y Medio Ambiente de Zaragoza, Ecozine, en su tercera edición, ha premiado a la asociación Agua, Ríos y Pueblos. Se trata de una de las dos menciones especiales del jurado, que ha recibido en reconocimiento a su lucha en defensa del medio ambiente. El pasado viernes 28 de Mayo tuvo lugar la gala, en que se premiaron diversos trabajos creativos audiovisuales.

Palmarés:

La película ganadora del premio del Jurado Internacional al mejor documental de más de 30 minutos fue para la argentina Vienen por el oro, vienen por todo, de los realizadores Pablo D´Alo y Cristian Harbaruk.

La producción ganadora del premio del Jurado Internacional en la categoría hasta 30 minutos resultó la italiana Be water my friend, del director italiano Antonio Martino.

El Jurado Internacional también concedió las siguientes menciones:

Mención de Honor en la categoria de más de 30 minutos al documental argentino Gurises al abordaje: papeleras codirigido, por Dimas Games y Lázaro Llorens.

Hubo Mención de Honor en la categoría hasta 30 minutos al corto de animación canadiense Les anges déchets, de Pierre Trudeau.

El premio del público joven en la Sección Jóvenes se lo llevó el cortometraje de animación uruguayo La canilla perfecta, de Water Turnier.

El premio que otorga la Asociación Ecozine a la asociación o persona destacada por su lucha en la defensa del medio ambiente lo obtuvo la asociación Agua, Ríos y Pueblos en colaboración de la Fundación Nueva Cultura del Agua.

Fuente: http://es.paperblog.com/palmares-ecozine-2010-161452/

Ver más: www.ecozine.es

Pedro Arrojo en la recogida del galardón (foto T. Heiskel)

Entrevista. Marc Rius, director general de Participación Ciudadana de la Generalitat catalana

“La exposición ha generado un debate sobre el agua que antes no se había hecho en Barcelona”

Papel de Aguas

No es fácil, dice Marc Rius, dialogar sobre el agua. Hay demasiados intereses y puntos de vista enfrentados. Si es año de sequía, entonces todo se agrava. Eso sí, desde la institución que él dirige, la Direcció General de Participació Ciudadana de la Generalitat de Catalunya, animan a que activistas, instituciones, payeses y todo aquel que quiera dialogue, contruya, participe. A veces es duro; siempre constructivo. La exposición Agua, Ríos y Pueblos trajo a Barcelona una marea de reuniones y debates. Por primera vez la discusión sobre el agua llegaba a la capital catalana como antes lo había hecho a otros puntos de Catalunya.

Explíquenos: ¿por qué Participació Ciutadana decide colaborar en una iniciativa como esta?

Tengo que decir que la Dirección General de Participació Ciutadana lleva mucho tiempo implicada en procesos de participación de agua. Es decir, ya hemos trabajado en diferentes formatos, siempre en relación con la Agència Catalana de l’Aigua (ACA), e interviniendo en los procesos de participación en los que el agua es primordial.

Todo empezó con el verano de la sequía.

Ese episodio de sequía de 2008 fue brutal y visibilizó un conflicto. Entonces se creo la Mesa de la Sequía como un instrumento para desactivar el conflicto político, y funcionó.

Pero lo de ahora es una exposición.

Llegó de la mano de alguien con una gran credibilidad como es Pedro Arrojo y que ha generado un debate civilizado y constructivo. Para nosotros era muy interesante que alrededor de una exposición se generara una Agenda Ciudadana y se hicieran mesas y debates sobre el agua. Es decir, que el debate ciudadano fuera parte de la metodología de la exposición.

La Dirección general que encabeza Rius edita una colección sobre participación ciudadana

Sea sincero, ¿servirá para algo?

En Barcelona ciudad no se había hecho un debate del agua específico.

¿?

Nosotros siempre trabajamos en paralelo con el ACA. Somos acompañantes de una política previa. A Barcelona el debate no había llegado como sí lo ha hecho a otras partes del territorio catalán, también fuera de él, por calendario o por otras consideraciones. La exposición nos ha permitido poner el tema del agua, de la gestión del agua, encima de la mesa en Barcelona.

Entonces, ¿cree que sí servirá?

No creo que la exposición haya servido para crear un debate ciudadano, pero sí que ha generado un debate institucional y social en el que hay un conocimiento social del agua muy intenso. Ahora hay una sensibilidad, una red social heterogénea. Eso sí me parece que es un valor.

Entonces cuando el ACA traiga el debate sobre el agua a Barcelona será más fácil sentarse en la mesa de diálogo.

Sin duda, hay  una conciencia entre los diferentes actores con posiciones diferentes de que esto no es solo sí o no. Ahora hay una articulación civil.

Y la gente sabe más ahora de agua.

Si hubiese habido sequía hubiera habido colas en la exposición, el conflicto atrae. Por suerte, no es un año de sequía, pero creo que la gente que pasó por el Museu Marítim o que participó en los debates sabe mucho más ahora que antes.

La Plataforma escalfa motors contra nous transvasaments en silenci

David Palacios

La Plataforma en Defensa de l’Ebre va protagonitzar ahir diumenge a Barcelona una manifestació per reclamar l’acompliment de la directiva de la Unió Europea sobre el cabal dels rius –en especial del Ter, el Segre i l’Ebre. Segons la Comissió de Sostenibilitat, el cabal final del riu Ebre hauria de ser de 170 m3 per segon, però el govern central el situa en 80 m3.

Els manifestants a Laietana (foto Ferré)

L’esborrany de nou pla hidrològic planteja 402.166 hectàrees de nous regadius i de captacions que duplicarien el transvasament de l’Ebre que va començar el PP al 2002. El fet que sigui el PSOE qui governa ara i el context de la crisi econòmica han silenciat el nou perill per als cabals ecològics de l’Ebre.

El sol i la calor var ser els protagonistes de la mobilització festiva que va aplegar unes 2.000 persones, sobretot de les terres de l’Ebre, de l’Aragó i també de Madrid. Les plataformes en defensa del riu, contra els embassaments de Yesa (Navarra) i Biscarruès (Osca) i contra el magatzem nuclear d’Ascó (Ribera d’Ebre), així com una petita representació dels opositors al projecte Castor de magatzem i tractament de gas entre Alcanar i Vinaròs (Montsià-Baix Maestrat) van recórrer una part dels carrers barcelonins. La defensa de l’aigua, però, es va imposar a la xafogor. “Venim per una bona causa”, van assenyalar un grup de manifestants de Sant Carles de la Ràpita (Montsià). “Les Terres de l’Ebre ens hem de fer sentir”, va afegir una tortosina.

La manifestació va començar a les 12.15h a la plaça Urquinaona de Barcelona i va transcórrer per la Via Laietana fins arribar a la Catedral, amb lentitud per no molestar els balladors de sardanes dels diumenges. Sota el lema Lo riu sense cabals és la mort del Delta, els participants van demanar la conservació dels cabals de l’Ebre i d’altres rius catalans, com el Segre i el Ter.

A les 13.15h es va arribar davant de la Catedral en un ambient festiu, amb crits d’“Aigua per al riu, vida per al Delta” i xiulades dels manifestants que portaven, en la seva majoria, una samarreta blava amb el símbol de la lluita contra el transvasament, el nus. En un escenari davant el temple, representants d’algunes associacions convocants van dirigir unes paraules als assistents. Els manifestants continuaven cridant consignes en contra dels transvasaments. Manolo Tomàs, portaveu de la Plataforma en Defensa de l’Ebre, aixecava aplaudiaments: “El riu Ebre no està en venda ni en lloguer, no baixarem la guàrdia. La gent de les terres de l’Ebre no estem sols”.

Arribada a la Catedral (foto Palacios)

L’encarregada de llegir el manifest conjunt de totes les entitats que donaven suport a aquesta manifestació va ser la periodista Pilar Sampietro. “La supervivència del Delta com a ecosistema està en perill”, va dir. Una frase que va provocar la reacció del públic, amb aplaudiments i consignes a favor de la vida del riu. “Les terres de l’Ebre som el contenidor de Catalunya”, deia en veu alta una senyora de l’Ampolla (Baix Ebre), mentre Sampietro declarava l’aigua com un “bé universal, no com una mercaderia”, una de les idees que ha circulat amb insistència a l’agenda d’actes d’Aigua, Rius i Pobles.

A les 14.00h, després d’un “Visca les Terres de l’Ebre” i sota un sol abrusador, la música va tancar la marxa en favor d’un riu digne. Josefa (una veïna de Tortosa) comentava amb desencís: “Malgrat aquesta manifestació, tot tirarà endavant, ja que els que estan al poder volen manipular la nostra aigua”. Cal guardar forces, si el canvi polític va evitar el transvasament del PP, la protesta actual sembla només un escalfament de motors del que caldrà fer.

Dessaladores versus dessalació

Jordi Salvador i José Manuel Jurado

Departament de Medi Ambient CCOO de Catalunya

La presència a Barcelona de l’exposició Aigua, Rius i Pobles, així com la gran activitat paral·lela que ha comportat, han tingut un sensible ressò als mitjans de comunicació. Durant aquest dies és perceptible un increment del nombre d’articles relatius a la gestió hídrica, en els seus diferents vessants. Un d’ells ha configurat un debat indirecte en relació a la gestió de les dessaladores.

Les estacions de tractament d’aigües marines ja formen part del sistema d’abastament de Catalunya, precisament en zones costaneres amb densitats urbanes elevades. Aquestes dessaladores no poden ser considerades únicament com a mesures d’urgència a engegar en cas de sequera, tot i que també. Tenen sentit plenament amb una funció de previsió, i per tant no es poden parar o fer-se funcionar a poc gas pel fet que plogui o que els pantans no estiguin en perill d’entrar en alerta. Cal fer guardiola.

L’Agència Catalana de l’Aigua (ACA) és la màxima responsable de la gestió hídrica a casa nostra. Per tant, ha de dissenyar amb precisió els plans d’usos per a les dessaladores. Correspon a aquesta administració pública el desplegament de les millors estratègies d’abastament, escoltada la veu de la societat i dels agents implicats dins dels mecanismes de participació ciutadana de què disposa. A casa nostra és aquesta agència adscrita al Departament de Medi Ambient i Habitatge de la Generalitat qui ha d’establir i gestionar l’estratègia adequada per al compliment dels objectius de la garantia d’abastament i les prioritats sobre les fonts, i contribuir al compliment de la Directiva Marc de l’Aigua.

La claredat amb què els responsables polítics de l’ACA han defensat les seves competències exclusives en el disseny de l’estratègia d’abastament sembla que ha molestat a certs sectors econòmics del país, autoproclamats representants de la societat civil catalana. Es tracta de l’anomenat GTI-4:  cambres de comerç, Cercle d’Economia, Foment del Treball i el RACC. Aquest grup s’ha mostrat partidari de la primacia de la gestió privada de l’aigua.

Aquest GTI-4, amb la complicitat de l’oposició política a Catalunya i la dels mitjnas de comunicació afins, ha apuntat contra la línia mestra de la garantia d’abastament dissenyada per l’ACA, basada en la gestió de la demanda, l’estalvi i la diversificació de les fonts primàries de recurs. La protecció de les fonts de recursos, la regulació de cabals d’embassaments, la recàrrega forçada d’aqüífers, la regeneració d’aigua i la dessalinització, constitueixen un entramat d’aportacions viables econòmicament i tècnica, i executables en terminis temporals raonables.

Dins d’aquest camp de maniobra hem d’entendre un qüestionament reiterat de la dessalació com a font de recursos primari, posant l’èmfasi en les despeses energètiques que comporta i amagant els grans avantatges que ofereix: font primària inesgotable, lluny de disputes territorials casolanes, autonòmiques o internacionals; caràcter modular de la producció; viabilitat tècnica i econòmica conegudes, independent de tractats internacionals, i millora de la qualitat de l’abastament.

Ateses les realitats demogràfica i dels recursos hídrics propis de la regió central i metropolitana del nostre país, la implantació de dessaladores d’aigua de mar com a font de recursos constitueix una peça fonamental per a la contribució de noves fonts de recursos d’abastament, territorialment justes i sostenibles en el temps. En aquest camp s’emmarquen l’ampliació i construcció de les dues noves dessaladores projectades, així com la gestió de les que ja estan en funcionament. La contracció provocada pel període de crisi econòmica també ha arribat a aquestes infraestructures, endarrerint els terminis d’execució.

La recent entrada en funcionament de la dessaladora del Llobregat i l’ampliació de la de la Tordera constitueixen la clau que ha de fer possible el retorn d’una part important dels cabals ara se sostreuen al riu Ter. Així podrem gaudir d’un espai fluvial veritablement viu, i disposar d’una reserva estratègica per a casos d’emergència que s’albiren davant la constatació del canvi climàtic.

Entrevista al obispo Luis Infanti: “En la nueva colonización los países del norte explotan el agua del sur”

Centro Nacional de Comunicación Social

México D.F., 19 de mayo de 2010 (Cencos).-En vista de que la Patagonia chilena es una de las regiones más vírgenes del planeta y que cuenta  con abundancia de agua, empresas multinacionales pretenden hacer cinco grandes presas hidroeléctricas en la región de Aysén, esto para beneficiar a la industria minera ubicada al norte de Chile (a 2.300 kilómetros de distancia). La Patagonia también enfrenta por lo menos 25 importantes conflictos relacionados con el agua; entre agua y minería, agua e industria del papel, agua y producción de electricidad, agua y privatización.

HidroAysen es el proyecto hidroeléctrico impulsado por la empresa del estado italiano Endel, misma que copto a la española Endesa. Del proyecto se ha derivado una lucha de cuatro años, entre los intereses transnacionales y la población amenazada que habita Aysén, quienes se han organizado en el Consejo de Defensa de la Patagonia, pues creen que la riqueza natural de la región misma que es patrimonio de la humanidad, no merece ser destruida.

Luis Infanti, obispo de Aysén, ha emprendido una lucha enérgica contra los megaproyectos y explicó en su visita a México cuál es el fundamento de la defensa de la naturaleza y de los pueblos desde una mirada ética.

¿Contra qué se enfrentan los pueblos en defensa del agua en Chile?

Principalmente contra la permisividad del estado chileno ante la explotación de sus recursos naturales por empresas transnacionales. Esta tiene base en la constitución política del estado emanada de la dictadura militar del general Agusto Pinochet, que abrió las puertas del comercio transnacional sin ningún tipo de restricción. La lucha por las aguas en Chile lleva a implicaciones importantes a nivel político e incluso a una nueva constituyente; la actual tiene en su estructura misma la concepción de un país en dictadura. Desde el tema del agua creemos que es necesario cambiar el concepto fundamental para lograr el país que queremos y en armonía con la naturaleza.

Es una lucha íntimamente unida al presente y futuro de  las personas, el gran conflicto es que el 96% de las aguas son propiedad de la empresa italiana, lo cual es un problema también de soberanía en el que las aguas de un país son disfrutadas por otro. Esto significa una nueva manera de colonización de los países del sur del mundo por  empresas del hemisferio norte que para sustentar un alto nivel de vida explotan los alimentos, la energía, el agua de los países del sur del mundo.

El obispo Infanti con fieles en Temaca el 15 de mayo pasado.

En la Patagonia se ha creado un movimiento de por lo menos unas 60 organizaciones que luchamos para echar atrás  las cinco megapresas. Tenemos muchas actividades de concientización, marchas y protestas, con una gran adhesión de artistas y cantantes que a través de festivales de música apoyan a la organización.

La semana pasada tomamos la iniciativa de asistir a la asamblea de socios de Enel y ahí pudimos hacer un planteamiento cuestionador sobre la postura ética de la empresa y expusimos alternativas de proyectos hídricos acordes con el querer de la gente; nos metimos al corazón mismo de la empresa.

¿Qué papel juegan la ética y la fe ante la crisis ambiental?

Con una ética bien planteada se puede cuestionar fuertemente qué mundo estamos construyendo, cuál es el papel del poder económico, del poder político y sobre todo cuál es el papel del poder del pueblo para exigir sus derechos, el respeto a su vida, a su historia y a su cultura. La ética es capaz de romper el monopolio del discurso economicista que la visión empresarial impone, esto es, priorizar el lucro a costa de quién sea y de lo que sea.

Anteriormente dijimos basta a la violación de los derechos humanos, hoy decimos basta al ecocidio, a la masacre de la naturaleza. Los pueblos indígenas que sienten la tierra y su entorno como parte esencial de su vida han logrado vivir en esta armonía, valores a los que en la ética y la fe sentimos muy cercanos, hay una enorme sintonía y por eso es importante romper el discurso mercantilista y hacer ver que hay otras maneras de vivir y otro mundo que es posible.

¿De qué trata la Carta Pastoral del Agua?

Hoy no estamos en un cambio de época, ante una nueva etapa de la humanidad en la que tenemos que variar nuestra mentalidad respecto a la crisis ambiental. La Carta Pastoral del Agua “Danos hoy el agua de cada día” es un documento que lleva mi nombre pero que se construyó en colectivo, después de un largo proceso de reflexión nos dimos cuenta de cuatro aspectos fundamentales que enmarcan este cambio de época: la inestabilidad de las sociedades actuales, la globalización y las estructuras de poder que orientan al mundo y cómo el poder político y económico define el futuro de las personas. Hablamos de la crisis ecológica que proviene de esta misma estructura de poder, desde la ética y la fe el cuestionamiento es fundamental: ¿hacia dónde estamos llevando el camino de la humanidad?

¿Qué expectativas tiene de esta visita a México?

La iglesia y la jerarquía como siempre llegamos tarde, pero últimamente hay mayor sensibilidad de la iglesia para comprender las crisis del calentamiento global, la de la energía, de la alimentación y del agua, entre otras. Ahora las sentimos como un problema espiritual y no solo como un tema social y económico. El encuentro con Samuel Ruíz quiere ser un signo más de que estamos tratando este tema a nivel latinoamericano como iglesia, junto a las organizaciones sociales de la iglesia con un empeño decidido para apoyar la lucha de tantos pueblos.

Vivo al extremo sur del mundo, donde no es fácil tener acceso a todo lo que ocurre, sin embargo hemos sabido de la valentía de las luchas del los pueblos mexicanos que exigen ser respetados en su derechos y su cultura porque aman su tierra. Estas luchas no son fáciles porque siempre se comparan al ejemplo de Goliat y David, sin embargo creemos que la valentía de nuestros pueblos siempre será más grande que los que tienen el poder económico y el poder político.