Entrevista a Charo Brinquis, miembro de URA Nueva Cultura del Agua.

Charo Brinquis es Agente Medioambiental del Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino desde 2008, además de miembro de URA Nueva Cultura, plataforma para la defensa de los ecosistemas acuáticos navarros. El caso Itoiz es su lucha más representativa en favor de una política de aguas pública, transparente, participativa y cercana.

Itoiz se ha convertido en un símbolo, en un ejemplo de lucha contra las políticas oficiales del agua. ¿Por qué se promovió y cómo se justificó la necesidad del embalse?

Esta es una historia muy larga dentro de lo que son las infraestructuras hidráulicas españolas. El proyecto de Itoiz se empezó a planear en época de Franco, cuando se pensaba que regular todos los ríos era lo que había que hacer. El proyecto estuvo sobre la mesa desde los años setenta, hasta que en el año 1992 el embalse de Itoiz fue declarado obra de interés general y utilidad pública.

Inicialmente la justificación se basaba en que el desequilibrio hídrico en Navarra, con un norte muy húmedo y un sur seco, había que arreglarlo por medios humanos. La otra justificación fue que Navarra, con una agricultura basada en el regadío tradicional, en zonas frescas utilizaba muy poco los recursos hídricos disponibles. Decían: “en Navarra sólo aprovechamos el 10% del agua que aportamos a la cuenca, y tenemos que ponernos al nivel de otras regiones que están aprovechando hasta el 44%”. Ése era el objetivo, aprovechar el máximo de agua posible.

¿En qué situación se encuentra a día de hoy el proyecto de Itoiz?

A día de hoy el proyecto de Itoiz sigue condicionando toda la política de aguas, lo cual lleva a un condicionamiento de las políticas de abastecimiento de ciudades, las políticas agrarias e incluso ganaderas, y todo ello condicionado por la necesidad de buscar utilidades a ese agua de Itoiz.

A día de hoy tenemos la primera fase del proyecto concluida y tenemos una ampliación que anunciaron en el año 2012. Un cambio de planes con el que quieren regar con agua de Itoiz 15.235 hectáreas más, entre las que se encuentran 6.095 hectáreas que ya están regadas, porque son regadíos tradicionales de las vegas del Arga y el Ega . Y esto ocasiona una serie de problemas que suponen acabar con el regadío tradicional y la cultura agrícola que caracterizaba a estas vegas.

Se ha completado la primera fase del proyecto… Se han cumplido las expectativas que promovía y auguraba el proyecto?

Las expectativas no se han cumplido en absoluto. En lo agrícola, en los sesenta cultivos de muy alto valor añadido planteados, realmente lo que se está produciendo son cultivos extensivos. Maíz, trigo o cebada son los únicos cultivos rentables para los agricultores; lo que lleva a un retorno muy bajo de las inversiones y a explotaciones muy grandes que no ayudan ni al equilibrio territorial ni a la creación de empleo ni a todos esos objetivos que habían planteado.

¿Y qué impacto medioambiental y social ha tenido esta primera fase?

En lo social, se están invirtiendo grandes cantidades de fondos públicos en este proyecto; se recortan otros tipos de ayuda que son muy necesarias para la agricultura y ganadería; y está teniendo una repercusión social que ha llevado, por ejemplo, al sindicato de agricultores navarros EHNE a manifestarse en contra de este proyecto. Algo histórico. Que los agricultores salgan con sus tractores a protestar por un proyecto de regadío, es algo que yo nunca había oído, pero así ha sido.

En lo ambiental, el embalse es algo que nadie quiere ver. La cuenca cedente ha tenido un deterioro terrible; el río Irati ha pasado de ser un río maravilloso a ser un canal de agua; y tenemos los efectos de la expansión del regadío, con contaminación por nitratos. Pero como la tendencia no se está vigilando, no se conoce el impacto que está teniendo.