Jalisco. México. El envenamiento del Río Santiago


Autor: Jorge Regalado y Graciela González Torres

Fotografía: Paula Islas, Enrique Carrasco S.J, Fabian Jalil Martinez y Carlos Sánchez Pimienta

El Río Santiago es uno de los grandes ríos de México. Sin embargo, desde que se creó el Corredor Industrial El Salto-Ocotlán, es un río muerto. De hecho, fue privatizado y usado como vertedero para 1500 industrias. Los análisis de aguas confirman fuertes cargas de níquel, arsénico, mercurio, cromo, plomo…

El olor fétido y las enormes masas de espuma blanca/gris/verde/amarilla anuncian  enfermedad y muerte a lo largo de 475 kilómetros, especialmente en pueblos como El Salto y Juanacatlán o el Paso de Guadalupe. El 13 de febrero de 2008, 19 días después de caer al río, el niño M. Ángel López Rocha moría. “Las causas fueron: paro cardiorespiratorio, falla orgánica múltiple e intoxicación aguda por arsénico” concluía el parte médico.

Hace 7 años, el pueblo de Arcediano fue destruido y sus 150 vecinos desalojados, para construir una presa absurda que almacenaría aguas tóxicas del río Santiago para abastecer Guadalajara. La oposición ciudadana, encabezada por Lupita Lara, consiguió la anulación del proyecto. Los pueblos ribereños empiezan a levantarse en una protesta que crece día a día, exigiendo la declaración de zona de emergencia ambiental, la atención a la salud pública y la obligación rigurosa de depurar vertidos.

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