¡Larga vida al río Gállego! No al pantano de Biscarrués

Textos: Coordinadora Biscarrués-Mallos de Riglos y Javier Martínez Gil

El Gállego nace en el Portalet, recibe las aguas de la alta montaña aragonesa. Pasa después junto a los vertederos químicos de Sabiñánigo. Es embalsado en Lanuza, Búbal, La Peña, Ardisa y multitud de presas hidroeléctricas. Es sangrado para alimentar el embalse de la Sotonera y llevar sus aguas a Monegros. Saturado de azudes en el Bajo Gállego, tiene largos tramos con frecuencia secos. Degradado, llega finalmente al Ebro.

Recibe importantes vertidos químicos en todo su recorrido. Sólo en 30 de sus 220 km. apenas sobrevive como ecosistema y espacio de belleza. Es el ejemplo de una mala gestión.

La Galliguera, es hoy un territorio vivo, lleno de una magia natural presidida por sus célebres Mallos de Riglos y Agüero. En 1970 fue proyectada la construcción del embalse de Biscarrués.

La brutal amenaza que supone ese proyecto ha desencadenado 20 años de movilizaciones de los pueblos ribereños (Biscarrués, Santolaria, Riglos, Murillo, Ayerbe) y de asociaciones como la Coordinadora Biscarrués-Mallos de Riglos y Amigos de la Galliguera. Cualquier pantano que se haga imposibilitará los deportes de aventura que hoy dinamizan la zona con 300 empleos. El actual proyecto anula el desarrollo de un valle hoy en crecimiento económico y poblacional, destruye al paisaje, la fauna, la flora, la historia y el futuro.

Las gentes de la zona dicen SI al río y al territorio. Dicen NO a cualquier pantano, porque que hay alternativas más factibles, más económicas, más justas y de menor impacto.

B1 - Río Gállego a los pies de los Mallos de Riglos y Agüero. Foto: Pipa Álvarez

En los meses de verano y otoño un extenso barrizal sería el panorama dominante desde los mallos de Riglos y Agüero, y desde las localidades de Murillo, Santa Eulalia y Riglos, que degradaría la majestuosidad de este espacio tan querido por los aragoneses, uno de los signos de identidad de la Comunidad.

B2 - Manolo y Beatriz de Santolaria. Foto: Pipa ÁlvarezB4- Lola Giménez, portavoz de la Coordinadora Biscarrués Mallos de Riglos. Foto: ToveB4 - Lucía, la esperanza en un futuro en el que no haya que luchar. Foto: Pipa Álvarez

Son ya tres las generaciones que se han visto obligadas a vivir bajo el estigma de la amenaza de una obra ingrata, abocada a desintegrar la unidad de su comarca. Una unidad que no sólo es física sino también cultural y emocional. Lo que está en juego con ese proyecto es la historia, las raíces y el sentido de pertenencia de un territorio y unas gentes.

La construcción del embalse de Biscarrués no tiene justificación. Es un atropello estético, económico, social, moral y cultural. No hay proporción razonable ni humana entre lo que se gana y el patrimonio cultural y de paisaje que Aragón pierde con ella.

”Pueblo sin historia, país sin raíces, carrasca que se secará”, dice la canción Perdido país de la Ronda de Boltaña Ese es el destino inmediato al que les llevaría ese proyecto. Su actitud es la expresión de la dignidad humana y del sentido del límite de un progreso confundido hoy con un darle fuego a todo

B5- Mirador de los buitres, Mallos de Riglos. Foto: Olga UruénB6 - Mallos de Riglos. Foto: Archivo Coord, Biscarrués-Mallos de RiglosB7- Aguas Bravas en La Galliguera, motor de una economía sostenible. Foto: Asociación Gállego Activo

Sólo la indolencia social y la codicia patológica hacen que los aragoneses permanezcan con los ojos y el corazón cerrados ante un proyecto de destrucción como el de esta presa. No se trata de oponerse porque sí, sino de entender que la belleza y las raíces son una necesidad del espíritu, y que un modelo de desarrollo que los desprecie, condena a sus gentes al desarraigo.

La belleza natural genera bondad y sentido del respeto a uno mismo, a los demás, y a la vida en general, incluidas las generaciones venideras. Valorarla y conservarla da un sentido trascendente a la vida, porque el paisaje es un libro abierto a la comprensión. Lo contrario es barbarie. No estamos ante el problema de unas gentes, sino de todo Aragón.

El destino de este río, es ser lo que ahora es: belleza, ocasión para el disfrute, calidad de vida, patrimonio de naturaleza, ilusión de futuro, respeto a los derechos de las generaciones venideras, orgullo de Aragón y modelo ejemplar de un crecimiento económico sostenible. Hoy los usuarios de ese lugar son más cien mil cada año.

Zona a inundar por el embalse de Biscarrués. Foto: Pipa ÁlvarezB10 - Río Gállego. Foto Archivo Coord. Biscarrués-Mallos de Riglos

Este es el panorama que desaparecería, mutado la mayor parte del año por la imagen dantesca que ofrecen siempre los fondos vacíos de los embalses. Las colonias de buitres cuya vida filmó en este lugar Felix Rodríguez de la Fuente para el mundo entero, probablemente se verán obligadas a migrar tras el cambio de las condiciones del aire y sus térmicas.

La zona de río a inundar es una sucesión de tramos lentos y rápidos que permiten el disfrute desde una piragua o una balsa neumática, tanto de las aguas bravas de un nivel medio de dificultad, como de los recorridos tranquilos, que sin el menor riesgo hacen el placer de niños y mayores mientras descubren la inimaginable belleza y la vida de un río contemplado por dentro.

B13 - Bajada de nabatas por el Gállego. Foto:Asociación Nabateros de la GalligueraB12- Jornadas del río Gállego, la fiesta y la lucha unidas. Foto: Asociación Nabateros de la GalligueraB13 - Las gentes de la Galliguera luchan desde hace décadas contra el embalse de Biscarrués. Foto Archivo Coordinadora Biscarrués-Mallos de Riglos

Es fácil entender la carga cultural y simbólica de este río, antaño importante vía natural para el descenso de la madera desde el Pirineo a Zaragoza. Resulta emocionante rescatar el recuerdo de aquella vieja actividad, tan llena de saberes y de historias humanas que configuran el pasado de una región y de unas gentes singulares, los nabateros

Necesitamos explotar el agua y los ríos -nadie lo niega-, pero debemos hacerlo desde un límite razonable, el que separa el uso del abuso; de otro modo la barbarie es nuestro destino. Hoy, en el Gállego estamos claramente del lado del abuso, por más que haya quien busque la coartada para seguir destruyéndolo.

Degradar un río ya degradado con más embalses, detracciones de agua y nuevas alteraciones de su régimen de caudales es un atentado, no sólo al río sino a todo lo que él significa y simboliza. Es encomiable que los afectados manifiesten su indignación. Lo lamentable es que la sociedad aragonesa permanezca impasible ante semejante atropello, como si el problema no fuera con ella. Los afectados somos todos, aunque el agresor esté en casa.

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