Entrevista. Jorge Urusoff, activista en el conflicto de Yacyretá (Paraguay-Argentina)

“Nadie con un mínimo de sensibilidad puede evitar involucrarse en la defensa de los afectados”

Alain Garrido Blanes

Yacyretá es un megaproyecto hidroeléctrico que se empezó a construir en 1977 en la frontera entre Paraguay y Argentina a orillas del río Paraná. La obra se gestionó bajo los regímenes dictatoriales de ambos países. La corrupción elevó el coste de la inversión de los 3.000 millones de dólares iniciales a los 14.000 en 2004.

El plan se llevo a cabo sin elaborar estudios previos que tuvieran en cuenta los impactos sociales y medioambientales. Las consecuencias: 50.000 hectáreas inundadas que incluían ecosistemas únicos, así como problemas de salubridad del agua y la pérdida del sector de la pesca y 50.000 habitantes de poblaciones cercanas perdieron su casa y tuvieron que irse de la tierra donde siempre habían vivido. Jorge Urusoff es uno de los mayores activistas de la causa a favor de las víctimas.

¿Por qué se desconoce el caso de Yacyretá fuera de las fronteras argentino-paraguayas?

La obra de Yacyretá nació con un síndrome de autismo. Y así continúa. Nunca se consultó a los pobladores sobre lo que se iba a hacer con su río, animales, peces, economía y su propia vida. Actúa, aún en la actualidad, como un súper estado entre dos estados, a cargo de burócratas partidistas y empresarios como cómplices.

La obra se empezó con el acuerdo de dos regímenes dictatoriales.

¿Quién le pone el cascabel al gato en estos casos? Huelga decir que bajo regímenes dictatoriales (tolerados en el planeta por el resto de las naciones mientras puedan sacar algún provecho) a nadie le importa lo que le pasa al pueblo. Y como la dictatorial es una lacra especial de depredador, tampoco le interesa la naturaleza. Está en todas partes, inserta en las cúpulas del poder y del dinero. Entre bueyes no hay cornadas.

Los paramilitares desalojaron con violencia a las comunidades. ¿Cómo respondió la sociedad civil?

Cuando se dieron cuenta de lo que les sucedía, ya todo había pasado. Este tipo de poblaciones sedentarias casi nunca son belicosas, más aún los de climas subtropicales.

Afectados por Yacyretá. Foto Cossar-Gilbert

El pueblo no reacciona con la rapidez de las cúpulas fascistizadas. La reacción, seguida de organización, con algo de conciencia política, toma tiempo. La historia siguiente tuvo esa primera experiencia como base para aprender a combatir en todos los frentes: acción directa con tomas de oficinas, cortes de rutas, enfrentamiento con palos y piedras, quema de vehículos, lucha jurídica en distintos niveles, lucha política, boicot…

¿Qué le llevó a vincularse en esta lucha?

Durante casi toda mi vida luché contra las injusticias en América: Argentina, Bolivia, Perú… En Paraguay, contribuí a la lucha contra el tiranosaurio Alfredo Stroessner. A su caída me refugié a escribir mis memorias en la zona donde luego se comenzó a construir la represa. Nadie con un mínimo de sensibilidad puede evitar involucrarse.

¿Los afectados tienen alguna ayuda?

Nos ayudamos en los trámites jurídicos de cada afectado, familia o comunidad. Nos asesoramos y apoyamos con fuerte sentido de compañerismo en las movilizaciones. También se elaboran proyectos de mitigación de impactos ambientales y se investiga con la ayuda de los pobladores. A veces hasta se presiona a la empresa constructora de la represa.

¿Reciben alguna ayuda económica?

Si las organizaciones tuviéramos la ayuda económica adecuada, otro gallo cantaría en esta lucha tan desigual. Hay cuentas pendientes como son la destrucción del tejido social comunitario, la del medio ambiente y la reposición de las fuentes de trabajo.

El proyecto arrastra una trama de corrupción, ¿qué medidas se deberían implantar para evitar situaciones similares?

No construir más megapresas. Hace falta buscar otros mecanismos de producción energética más baratos y sensatos y utilizar el dinero ahorrado para una educación adecuada.

¿Las organizaciones internacionales deberían regular las grandes presas?

Los organismos internacionales de corte burocrático siempre resultan más de lo mismo, porque casi todos están al servicio de los depredadores del planeta. Tengo una denuncia contra el Estado paraguayo y el argentino por atropello a los derechos difusos y delitos ambientales ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que depende de la OEA (Organización de los Estados Americanos).

¿Cuál es la mejor forma de administrar el agua de los países?

Educando a la población e involucrándola en la defensa del agua. Hay que crear observatorios del agua en lugares estratégicos y buscar la participación de la sociedad civil.

¿Y cómo concienciarla?

Contribuyendo a la difusión de las consecuencias de los conflictos de una manera drástica.