El presente manifiesto es una aportación de las personas abajo firmantes, a título individual, en apoyo al mensaje de la exposición “Agua, Ríos y Pueblos”.
En Cataluña últimamente hemos hablado mucho del agua y de sus carencias. Pero el tema tiene claras dimensiones globales. El hecho de que más de 1.000 millones de habitantes de todo el mundo no tengan garantizado el acceso al agua potable está comportando que más de 10.000 personas, en su mayoría niños y niñas, mueran de diarrea cada día por haber bebido aguas contaminadas biológicamente. Muchos miles más enferman y mueren por contaminación con metales pesados, cianuros y otros tóxicos, como los producidos por la minería a cielo abierto, hecho que produce además miles de abortos y malformaciones congénitas, sin que las estadísticas oficiales reconozcan sus causas. Por otro lado, la crisis de biodiversidad ofrece índices cada vez más dramáticos de especies extinguidas o en extinción en los ecosistemas acuáticos, lo que ha llevado a la destrucción de buena parte de la pesca, la proteína de los pobres. En este marco hablar de Crisis Global del Agua, en el Planeta Azul, el Planeta Agua, no es una exageración, sino una trágica paradoja.
El problema no es tanto la escasez, sino la degradación de la calidad de nuestras fuentes naturales. Todas las comunidades y pueblos se han asentado en las riberas de un río, de un lago, junto a una fuente o en lugares en los que se puede acceder a las aguas subterráneas con pozos. El problema está en que hemos quebrado la salud de esos ecosistemas acuáticos. Primero han muerto ranas y peces; pero más tarde han empezado a enfermar y morir las personas de las comunidades más pobres y vulnerables. Esos más de 1.000 millones de personas están en la confluencia de dos grandes fallas críticas: la falla de insostenibilidad en la gestión de nuestros ríos y acuíferos, y la falla de inequidad y pobreza.
A lo largo del siglo XX, la ciencia y la técnica han centrado sus esfuerzos en dominar los ríos, con grandes presas y trasvases, y bombear caudales masivos de los acuíferos. Desde esta estrategia, la sobreexplotación y contaminación masiva han acabado por generar esta crisis global, que el cambio climático amenaza con agravar en las próximas décadas. Por otro lado, tal y como reconocía la Comisión Mundial de Presas en el 2000, entre 40 y 80 millones de personas (tan amplia horquilla es, en sí misma, prueba de la invisibilidad de las víctimas) han sido sacadas de sus casas, a la fuerza, para inundar sus pueblos, pasando por encima de los derechos humanos de las comunidades afectadas.
En este contexto, el neoliberalismo que viene presidiendo el modelo de globalización vigente ha impuesto un enfoque estrictamente mercantil para abordar esta crisis. La creciente escasez de aguas de calidad y el hecho de que sean una necesidad ineludible para la salud y la vida han hecho emerger la tentación de transformarlas en negocio, bajo el argumento de que el libre mercado sabrá administrar esta escasez. De este modo, los procesos de privatización y la presión por transformar a los ciudadanos en simples clientes están contribuyendo a agravar el problema, en la medida que aumentan la vulnerabilidad de los más pobres.
Con ocasión de la celebración en Barcelona de la exposición “Agua, Ríos y Pueblos”, los abajo firmantes lanzamos un llamamiento en pro de esa Nueva Cultura del Agua, basada en nuevos valores éticos de responsabilidad, solidaridad y sostenibilidad. La solución no está en seguir destruyendo ríos y privatizando servicios públicos, de los que dependen derechos humanos y ciudadanos. Hacer las paces con nuestro ríos y priorizar el acceso universal al agua potable, como un derecho humano, marcan el camino que hay que tomar.
Rosa Regás, Pere Portabella, Joan Subirats, Monteserrat Domínguez, Carlos Jiménez Villarejo, Federico Mayor Zaragoza, Vicenç Viaplana, Santi Santamaria, Montserrat Ponsa, Oriol Bohigas.