A menudo se desalojaba a pueblos enteros antes de que las nuevas zonas de asentamiento estuvieran dispuestas para acogerlos. En muchos casos, hubo que desplazar y realojar a su vez a las comunidades que vivían en los territorios de acogida para dejar espacio a los nuevos desplazados. Aunque el gobierno hizo algunos intentos de proporcionarles ciertos servicios e infraestructuras básicas, como escuelas y pozos, resultaron insuficientes para el gran número de desplazados.
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