El propio reasentamiento fue un proceso precipitado, mal planificado y traumático. Se hizo subir a la gente en camiones y se les transportó a lugares lejanos y desconocidos para ellos, situados monte adentro. Con el traslado, las economías familiares sufrieron grandes pérdidas; la gente no pudo reunir todas sus posesiones a tiempo y gran parte del ganado murió incluso antes de alcanzar su destino.
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