Degradación de ecosistemas y hambre

DEGRADACIÓN DE ECOSISTEMAS Y HAMBRE
En pocas décadas, hemos desecado gran parte de los humedales, talado bosques de ribera, rectificado, estrechado y amurallado cauces; hemos quebrado la continuidad del hábitat fluvial con decenas de miles de grandes presas; hemos contaminado y sobreexplotado acuíferos y ríos, que ya ni siquiera llegan al mar. En nombre del “progreso”, en suma, hemos quebrado la sostenibilidad del ciclo hídrico, haciendo del medio acuático continental el que registra la mayor proporción de especies extinguidas o en extinción. Sin embargo, esa quiebra en la salud de los ecosistemas acuáticos, no sólo afecta a la biodiversidad, sino que agrava dos de los grandes problemas de la humanidad en el siglo XXI: el del acceso al agua potable y el del hambre. La degradación de ríos, lagos y humedales ha acabado tornándose en enfermedad, hambre y muerte, especialmente en las comunidades más pobres. La mayor parte de las proteínas en la dieta de esas comunidades procede de la pesca. Hoy asistimos a desastres humanitarios consumados al tiempo que se anuncian otros más graves, por quiebra de las grandes pesquerías continentales. Casos como los del Mar de Aral , el Lago Chad, el Lago Victoria, el Río Urrá, la Amazonía, el Paraná, o el Mekong, son ejemplos de cómo la degradación de los ecosistemas acuáticos puede agravar los problemas de hambre en el mundo.

Los represamientos del río Mekong – Thailandia, Laos y Camboya

“IGUAL QUE COLAPSAR UNA ARTERIA”

El río Mekong es el corazón del sureste asiático. Sesenta millones de personas dependen de él para alimentarse, beber, y desplazarse. Sus inundaciones anuales son esenciales para la producción de arroz y hortalizas, así como para mantener la pesca. Pero toda la vida que mantiene está amenazada por la construcción de más de cien grandes presas.

Presas como las de Pak Mun han dejado sin su medio de subsistencia, basado en la pesca, a cientos de miles de personas, condenándolas al hambre y la desnutrición; han destruido numerosas comunidades y les han arrebatado sus tierras fértiles y sus recursos tradicionales de vida, hipotecando para siempre cualquier fuente de desarrollo.

La catástrofe ecológica del Lago Chad – Nigeria, Níger, Chad y Camerún

“EL LAGO QUE DESAPARECE”

El lago Chad era uno de los mayores lagos del mundo, pero el cambio climático y la extracción masiva de aguas del lago han reducido drásticamente su extensión en las últimas cuatro décadas: de los 26.000 km2 que tenía hacia 1960, apenas alcanzaba los 900 en 2006. Ello es debido no sólo a la mengua de las lluvias, sino a la extracción masiva de agua para regadíos y otros usos, tanto del mismo lago como de los ríos que lo alimentan. Se prevé su desaparición completa, si no se pone remedio, para un plazo de pocas décadas más.

Con el lago, se pierde la pesca y la agricultura tradicional que sustentaba; y, con ello, el medio de subsistencia para 20 millones de personas.

La desaparición del Mar de Aral – Kazajstán / Uzbekistán

“UN DESIERTO DE SAL ANTE LOS OJOS”

El Mar de Aral, en su día el cuarto lago más grande del mundo, ha visto drásticamente reducidos su volumen y extensión en las últimas décadas debido al desvío masivo del caudal de los ríos Amu Daria y Syr Daria, sus tributarios principales, para el cultivo del algodón en lejanos territorios de secano. Hoy, su tamaño se ha reducido en un 75%, pues a menudo sus ríos no llegan a aportarle agua en absoluto. Ciudades que en otro tiempo vivieron del bullicio portuario, el transporte, la pesca y las industrias de conservas de pescado, se hallan hoy en mitad de un desierto de sal, a cientos de kilómetros de la costa. La población sufre graves trastornos de salud (enfermedades respiratorias crónicas, fiebre tifoidea, hepatitis y cáncer de esófago) y las tasas de mortalidad infantil se encuentran entre las más elevadas del mundo. La imagen de los antiguos barcos varados en el desierto se ha convertido en el paradigma del desastre ambiental y humano debido al uso irracional del agua.

La situación del delta del Indo – Pakistán

“CERRAD LOS OJOS SI PREFERÍS NO MIRAR”

Desde la cordillera tibetana hasta el Mar Arábigo, el río Indo es la primera fuente de agua dulce de Pakistán. De los 3.000 km de su curso, y de su delta de 700.000 hectáreas dependen millones de personas. El crecimiento de la población, la sequía y muy especial­mente la construcción de varios embalses han provocado un desastre ecológico: ha desaparecido la pesca, las tierras se han salinizado y han empeorado drásticamente las condiciones de vida de la población.

La presa de Gibe 3 sobre el río Omo – Etiopía

“MATANDO EL LATIDO DEL RÍO OMO”

El río Omo, en el tórrido sudoeste de Etiopía, desemboca en el lago Turkana (Kenia), en una zona desértica. Medio millón de personas viven en el Bajo Omo. Su alimentación depende de los ciclos estacionales de
crecida; cuando la inundación se retira, siembran sus cultivos y el ganado pasta en la llanura de inundación, enriquecida por los nutrientes de los sedimentos. Hoy su supervivencia está amenazada por la construcción de una gran presa hidroeléctrica, Gibe 3, que alteraría gravemente el régimen fluvial.

Por otro lado, en 2003, 5000 miembros del pueblo Konso fueron reasentados en tierras del pueblo Bodi, sin que éstos recibieran ninguna compensación. Las tensiones entre ambas comunidades ha llevado a graves enfrentamientos con víctimas mortales. La pérdida de tierras fértiles a orillas del río, por la presa, en las condiciones de hambre a la que se está abocando a los Bodi, hace temer por la paz en la región.