¿Vamos a dragar el río todos los años?

Texto: Marisancho Menjón

Con frecuencia, como lo ha hecho a lo largo de toda su historia, el Ebro se desborda e inunda los campos y pueblos de sus riberas. Por eso, los ayuntamientos de estos lugares han demandado tradicionalmente a la Confederación Hidrográfica del Ebro que dragara el río. La comunidad científica se ha mostrado siempre contraria a ello, e incluso también, en los últimos años, la propia CHE. Y es que está demostrado que dragar es:

inútil, ya que el río vuelve a rellenar lo que las máquinas quitan, con lo que es necesario realizar nuevos dragados cada poco tiempo.

– por esto mismo es, además, costosísimo.

dañino, porque se altera la dinámica natural del río, de forma que la corriente se intensifica en algunos lugares, acentuando la erosión en unas zonas (con posibles graves consecuencias en infraestructuras urbanas, como los puentes), y se ralentiza en otros, generando grandes playas de grava.

contradictorio con la legislación europea, que exige conservar el buen estado medioambiental de los ríos.
Si a todo esto se une la presencia del azud construido en Vadorrey, el daño medioambiental es más severo, pues se estanca el agua en una buena parte del tramo urbano del Ebro.

Todo esto se ha hecho con motivo de la celebración en Zaragoza de la Expo 2008, con el mero objetivo de “hacer navegable el Ebro” a su paso por la ciudad, objetivo que no se ha conseguido, pues los barcos apenas funcionan (aunque sí se mantienen, lo que resulta muy gravoso para las arcas municipales). En plena crisis, se gastan al año 300.000 euros solo en dragados.

La Expo 2008 ha sido en esto un mal ejemplo: ha dado argumentos a los ayuntamientos ribereños para demandar que, si se draga el Ebro en Zaragoza, se drague también en sus pueblos. Ya se está haciendo.

1-Pabellón Puente. Zaragoza. Foto Pipa Álvarez2-Versión maña de los bateaux parisiens. Zaragoza. Foto: Pipa Álvarez

La Expo 2008, bajo el título “Agua y desarrollo sostenible”, hizo cosas que contradijeron su propio lema. Además de instalarse en un meandro que es zona inundable, construyó varias infraestructuras que afectaron al río. Una de las más importantes es el Pabellón Puente, que supuso la colocación de un obstáculo de grandes dimensiones en el cauce (una pila de 60 m), cuyas consecuencias son, en ciertos aspectos, imprevisibles.

Los promotores de la Expo anunciaron, como una de las grandes mejoras que disfrutaría Zaragoza gracias a este evento, que el Ebro volvería a ser navegable en la ciudad. Se facilitaría, con ello, que los ciudadanos pudieran “acercarse de nuevo al río”. Pero el Ebro no es el Sena y la tozuda realidad se impone: el régimen mediterráneo del río impide la circulación de los barcos durante buena parte del año, se han dado ya numerosos incidentes y la empresa es ruinosa.

3-Obras de la construcción del azud de Vadorrey. Zaragoza 2008. Foto: Primo4- Acción del Comando Anti-Fluvi en el puente del azud. Zaragoza 2008. Foto: Pipa Álvarez

Para lograr una lámina estable de agua que posibilitara la navegación, se construyó el polémico azud de Vadorrey. Pero la lámina de agua no llega hasta donde se había calculado: alcanza a mantener estable el nivel sólo hasta poco más allá del Puente de Piedra, con lo que su objetivo no se consigue y sí, en cambio, se provocan nuevos daños al río.

Algunos colectivos ciudadanos organizaron protestas por los problemas que iba a traer la Expo, aunque lograron poca repercusión mediática. Los costes del azud se dispararon y las hidroeléctricas no quisieron hacerse cargo de la obra, por lo que tanto su utilidad como su dudosa rentabilidad quedaron aún más en entredicho. La construcción y el mantenimiento del azud recayeron finalmente sobre las arcas públicas.

5- Acampada contra las obras en la solera del Puente de Piedra. Zaragoza 2008. Foto: Primo6-Obras para rebajar la solera del Puente de Piedra. Zaragoza 2008. Foto: Olga Conde

Ante la evidencia de que el azud de Vadorrey no iba a proporcionar las condiciones suficientes para hacer navegable el Ebro en Zaragoza, se anunció que sería necesario rebajar la solera del Puente de Piedra, monumento emblemático de la capital aragonesa y Bien de Interés Cultural. La reacción de los colectivos vecinales, ecologistas y de la comunidad científica no se hizo esperar: acampadas, concentraciones, un manifiesto firmado por expertos de 13 universidades…

Las máquinas, finalmente, rebajaron el cauce del río llevándose por delante la solera de una de las arcadas del puente. A los participantes en la protesta se les impusieron gruesas multas por “ocupación del dominio público hidráulico”, norma que la propia Expo incumplía, sin embargo, de forma muchísimo más notoria. Las promesas institucionales de abrir un espacio de diálogo y participación nunca se cumplieron.

7- Movilización contra las obras de dragado del Ebro. Zaragoza 2008. Foto: Primo8- Movilización contra las obras de dragado del Ebro. Zaragoza 2008. Foto: Primo

El siguiente paso, finalmente, fue el dragado del río. En un principio, nadie dijo que esto fuera a ser necesario: pero los cálculos erróneos sobre el nivel de agua que levantaría el azud llevaron aparejada, en el vano empeño por lograr la navegabilidad del río, esta actuación tan agresiva y tan dañina para el ecosistema fluvial. Se sacaron miles de toneladas de grava para hacer un “canal” por el que pudieran pasar los barcos. La estampa de aquellas máquinas horadando el lecho del río no podía ser más inconsecuente con el propio lema de “la Expo de la sostenibilidad”.

Las máquinas trabajando en el río sobre enormes penínsulas de grava y los camiones sacando sin cesar toneladas de material fueron una imagen que impactó en las retinas de muchos visitantes a la Expo, pues el dragado se seguía llevando a cabo todavía muchos días después de inaugurada la muestra internacional, contrastando fuertemente con el mensaje de respeto al ecosistema que se pretendía trasladar a la ciudadanía desde los pabellones.

9- Dragado del río Ebro. Zaragoza. Foto: Primo

El dragado se hace, desde entonces, cada año. El río, con su dinámica natural, vuelve a llenar el canal que el hombre abre en una tarea inútil. Ahora, se ha autorizado también a otras poblaciones ribereñas a realizar dragados en otros puntos del río, cuando antes estaba prohibido por los graves daños que ocasiona y la nula eficacia de la operación frente a las avenidas. Para colmo, la navegación por el Ebro a su paso por Zaragoza sigue siendo imposible, salvo unos pocos días al año, y económicamente inviable.

más info
Repercusiones ambientales de las intervenciones en las riberas y el dragado del Ebro.
Alfredo Ollero.Departamento de Geografía y Ordenación del Territorio. Universidad de Zaragoza

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